No hace falta que te lo expliquemos. Lo notas cada verano.
Trabajadores lentos, irritados, con la cabeza en otra parte. Máquinas que consumen más de lo debido. Almacenamiento de productos comprometido. Y tú, mirando una factura de electricidad que no para de crecer sin obtener el resultado que necesitas.
La pregunta no es si puedes permitirte climatizar una nave industrial.
La pregunta es cuánto te está costando no hacerlo.






